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El paso del tiempo no solo ha afectado significativamente al uso y conservación del edificio, sino también a su entorno más próximo: la fortaleza, antiguamente rodeada de agua en pleamar, hoy se ve envuelta por las edificaciones del puerto y el avance de la ciudad hacia el mar.

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Para intervenir en un edificio de tal valor histórico y transformarlo en una institución museística que contara con todos los requisitos contemporáneos – con intención de albergar el futuro Museo del Mar -, el estudio madrileño recurrió a la propia historia del Castillo de la Luz para convertirla en argumento del proyecto.

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Los propios arquitectos defienden que “más que reconstruir o rehabilitar el Castillo, lo habremos vaciado, nos habremos limitado a hacer visible su pasado esperando que el edificio, independientemente de las futuras colecciones que a él se incorporen, se exponga ante todo a sí mismo y a su propia historia.”

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Al exterior, se desmontó un falso foso perimetral de reciente construcción, liberando una amplia superficie de terreno a la cota original de la fortificación, lo que permite percibirla de nuevo en su dimensión real. En una segunda fase, en un extremo del solar e integrada en el desnivel entre la calle y la nueva cota de acceso al castillo, aparece un pequeño pabellón que alberga una sala de conferencias, aseos y los despachos de administración.

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Esta nueva pieza, así como todos los elementos añadidos en el conjunto histórico, se caracterizan por su sencillez formal y material: acero cortén, hormigón blanco, vidrio –sin carpinterías- y piedra caliza conforman toda la intervención.

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Al interior, también se busca recuperar la visión de la fortaleza primitiva, transformándola en protagonista del nuevo museo. Si durante cinco siglos el espacio entre los muros exteriores y el torreón original ha permanecido relleno de tierra, ahora se vaciará. De este modo, aparecen espacios interiores que en realidad siempre habían existido, si bien habían permanecido ocultos a la vista.

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Se reordena el sistema de circulaciones adecuándolo al uso de museo, incorporando ligeras pasarelas, una nueva escalera y ascensor, todo marcado con el acero cortén. Finalmente, se eliminan todos los elementos añadidos recientes que no pertenecieron al edificio original y se cubren los nuevos espacios con una losa de hormigón que se separa del antiguo torreón, dejando delgadas fisuras por las que resbalará la luz natural al interior.

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Arquitectos /// Nieto Sobejano Arquitectos
Website ///  http://www.nietosobejano.com/
Localización ///  Las Palmas de Gran Canaria, España.
Año /// 2oo4 (1ª fase) / 2o13 (2ª fase)
Fotografías /// Roland Halbe